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cap.
darwin: viaje del «beagle»

Cualquier parte del cuerpo sometida al choque galvánico, por ligero que fuera, se volvía casi negra; análogo efecto, aunque en grado menor, se producía arañando la piel con una aguja. Dichas, sombras u ondas, como pueden llamarse, se originan, según se dice, mediante la expansión y contracción alternadas de pequeñas vesículas que contienen líquidos diversamente coloreados [1].

El pulpo desplegó sus facultades multicoloristas tanto en el acto de nadar como cuando permanecía estacionado en el fondo. Mucho me divirtieron los varios artificios empleados para hacerse invisible por un individuo que parecía saber perfectamente lo que estaba observando. Después de permanecer inmóvil algún tiempo, avanzaba furtivamente de medio decímetro a uno, como un gato al disponerse a saltar sobre un ratón; de cuando en cuando mudaba de color, y prosiguió así hasta que, habiendo logrado llegar a un sitio más profundo, escapó, dejando tras sí un rastro de tinta pardusca, a fin de ocultar el hueco en que se había refugiado.

Mientras yo buscaba animales marinos alargando la cabeza por encima de las rocas de la costa unos cuantos decímetros, me vi saludado más de una vez por un chorro de agua, acompañado de un ligero chirrido. Al principio no pude saber lo que era, pero posteriormente averigüé ser el pulpo de marras, que, no obstante permanecer oculto en su agujero, delataba su presencia con las demostraciones antes expuestas. No cabe duda de que posee el poder de lanzar agua, y aun me pareció que podía hacer buena puntería dirigiendo el tubo o sifón que lleva en la parte inferior de su cuerpo. A causa de la dificultad que estos animales tienen para transportar sus cabezas no pueden arrastrarse fá-


  1. Véase la Encyclop. of Anat. and Physiol., artículo Cephalopoda.