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cap.
darwin: viaje del «beagle»

una falacia, como he procurado demostrar en un capítulo anterior, suponer que los cuadrúpedos más corpulentos necesitan para su sostenimiento una vegetación lujuriante, sin embargo, no deja de tener importancia el hecho de hallar en las islas Shetland del Sur un subsuelo helado a menos de 360 millas de las islas cubiertas de bosques inmediatas al cabo de Hornos, donde, por lo que concierne al volumen de la vegetación, podrían vivir grandes cuadrúpedos en cualquier número. La perfecta conservación de los elefantes y rinocerontes siberianos es sin disputa uno de los hechos más admirables en geología; pero independientemente de la imaginaria dificultad de que las regiones inmediatas pudieran suministrarles alimento, el caso, considerado en su conjunto, no es, a mi juicio, tan enigmático como se ha considerado generalmente. Las llanuras de Siberia, como las de las Pampas, parecen haberse formado bajo del mar, al que los ríos arrastran los cuerpos de muchos animales; de la mayor parte de éstos sólo se han conservado los esqueletos; pero de otros, el cadáver entero. Ahora bien: sabido es que en el mar poco profundo de la costa ártica de América se hiela el fondo [1] y no se deshiela en primavera tan pronto como la superficie de la tierra; además, a profundidades mayores, en las que no se hiela el fondo del mar, el cieno, a pocos pies de la capa superior, podría permanecer en verano por bajo de cero centígrados, como ocurre en tierra a pocos pies de profundidad. A profundidades mayores todavía, la temperatura del cieno y el agua probablemente no sería bastante baja para conservar la carne, y de ahí que los cadáveres arrastrados más allá de las partes superficiales próximas a la costa ártica tuvieran sólo conservados los esqueletos; mas aun en las regiones


  1. Messrs. Dease y Simpson, en Geographical Journal, volumen VIII, págs. 218 y 220.