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cap.
darwin: viaje del «beagle»

son en realidad muy semejantes en varios respectos.

Siguiendo un sendero entré en un magnífico bosque, y desde la altura de 150 a 200 metros contemplé uno de esos espléndidos panoramas que son comunes en ambos lados de Río. A esa elevación el paisaje presenta sus más brillantes tintas, y todas las formas, todos los matices, sobrepujan en magnificencia a cuanto el europeo ha contemplado en su país, de tal modo, que no acierta a expresar sus sentimientos. El efecto general me recordó frecuentemente las decoraciones más vistosas de la Opera o de los grandes teatros. Nunca volví de estas excursiones con las manos vacías. Hoy hallé un ejemplar de un curioso hongo llamado Hymenophallus. Casi todo el mundo conoce al Phallus de Inglaterra, que en otoño infesta el aire con su repulsivo olor; pero, a pesar de eso, como saben los entomólogos, para alguno de nuestros escarabajos tiene una deliciosa fragancia. Así sucedió aquí, porque un Strongylus, atraído por el olor, se posó en el hongo mientras le llevaba en la mano. En lo cual vemos cómo en dos países lejanos hay una relación semejante entre plantas e insectos de las mismas familias, aunque ambas especies sean diferentes. Esta relación se rompe a menudo cuando el hombre es el agente que introduce en el país nuevas especies; como ejemplo de ello puedo mencionar el hecho de que las hojas de coles y lechugas, que en Inglaterra proveen de alimento a una multitud de plagas de babosas y orugas, en las huertas próximas a Río permanecen intactas.

Durante nuestra permanencia en el Brasil hice una gran colección de insectos. Algunas observaciones generales sobre la importancia relativa de los diferentes órdenes tal vez sean de interés para los entomólogos ingleses. Los grandes lepidópteros, de brillantes colores, caracterizan la zona que habitan de un modo más ostensible que ninguna otra clase de animales. Me refiero sólo a las mariposas, pues en cuanto a las