Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo I.djvu/95

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copiosos aguaceros, las costas del Pacífico, tan desnudas de vegetación en el Perú, presentan cerca de cabo Blanco la exuberante vegetación, tan celebrada, de Guayaquil y Panamá. De manera que en las partes meridionales y septentrionales del continente los terrenos de bosque y los desiertos ocupan posiciones inversas con respecto a la cordillera, y estas posiciones están aparentemente determinadas por la dirección de los vientos dominantes. En medio del continente hay una ancha banda intermedia, que incluye Chile central y las provincias de la Plata, donde los vientos portadores de lluvias no tienen que pasar por altas montañas y donde el terreno ni está desnudo de vegetación ni cubierto de bosque. Pero la misma regla de que los árboles prosperan sólo en un clima húmedo, que posee esta cualidad merced a los vientos portadores de lluvia, si nos limitamos a Sudamérica, tiene una excepción bien marcada en el cabo de las islas Falkland. Estas islas, situadas a la misma latitud que la Tierra del Fuego y distantes de ella sólo 200 a 300 millas, con un clima muy semejante, con una formación geológica casi idéntica, con situaciones favorables y la misma clase de suelo turboso, a pesar de todo ello ostentan pocas plantas que merezcan siquiera el título de arbustos, mientras que en la Tierra del Fuego es imposible hallar una hectárea de tierra que no esté cubierta de densísimo bosque. En este caso, tanto la dirección de los fuertes temporales como la de las corrientes del mar son favorables al transporte de semillas cerca de la Tierra del Fuego, según lo demuestran las canoas y troncos de árboles arrastrados desde aquel país y frecuentemente arrojados a las costas de las Falkland occidentales. De aquí tal vez procede que haya muchas plantas comunes a los dos países; pero con respecto a los árboles de la Tierra del Fuego han fracasado hasta las tentativas hechas para trasplantarlos a las mencionadas islas.