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cap.
darwin: viaje del «beagle»

de costosas obras sobre geología; mineros especializados en ciertos metales, como el cinc, que no se hallaba en Chile; contratos para suministrar leche a los mineros en las partes donde no hay vacas; maquinaria donde no era posible usarla, y cien otros capítulos análogos de gastos, concurrieron a evidenciar el absurdo cálculo de los mineros ingleses, suministrando materia de broma a los naturales. Sin embargo, no cabe duda de que el mismo capital, bien empleado en estas minas, hubiera producido beneficios incalculables; un hombre de negocios de toda confianza, un minero práctico y un ensayador era todo el personal que se necesitaba.

El capitán Head ha descrito la prodigiosa cantidad de mineral que los apiris, verdaderas bestias de carga, sacan de las minas más profundas. Confieso que lo creí una exageración y, por lo mismo, me alegré de poder pesar una de las cargas que tomé al azar. Preciso me fué hacer un gran esfuerzo para levantarla del suelo. Habiéndola pesado se vió que llegaba a 197 libras. El apiri la había subido desde una profundidad de 80 metros, medidos verticalmente; advirtiendo que una parte del trayecto era un paso escarpado, y otra, la mayor, consistía en unos escalones de maderos escuadrados y dispuestos en zigzag por las paredes ascendentes del pozo de la mina. Los reglamentos del trabajo no permiten al apiri detenerse a respirar a no ser que la mina tenga 600 pies de profundidad. La carga media se calcula en más de 200 libras, y me han asegurado que por apuesta se sacó una vez de la mina más profunda una de ¡300! En mi visita a la explotación, los apiris extraían la carga habitual 12 veces al día, o sea 2.400 libras, desde 80 metros de profundidad, y además se los empleaba, durante los intervalos, en cavar y recoger mineral.

Estos hombres, salvo el caso de algún accidente desgraciado, gozan de salud y parecen alegres. Sus