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chile septentrional y perú

diente, la arena se ponía en movimiento. Las mismas circunstancias se describen con pormenores, apoyándose en la autoridad de Seetzen y Ehrenberg [1], señalándolas como causa de los sonidos que se oyen en el Monte Sinaí, cerca del Mar Rojo. Una persona que me refirió haber observado el fenómeno me dijo que era de lo más sorprendente, y aseguró que, si bien no comprendía el modo de producirse, era necesario hacer rodar la arena por la pendiente abajo. En la costa del Brasil observé muchas veces que los cascos de las cabalgaduras producían un chirrido peculiar cuando caminaban por arena seca y áspera, efecto sin duda del roce de las partículas de cuarzo.

Tres días después tuve noticia del arribo del Beagle al Puerto, que dista 18 leguas de la ciudad de Copiapó. Hay muy poco terreno cultivado en la hondonada del valle, y en su amplia extensión no crece mas que una mísera hierba dura, que ni los asnos pueden apenas comer. Esta pobreza de vegetación se debe a la gran cantidad de materia salina que impregna el suelo. El puerto se compone de un conjunto de miserables tugurios, situados al pie de una llanura estéril. En esta época del año, como el río contiene bastante agua para llegar al mar, los habitantes gozan de la ventaja de tener agua dulce en un trayecto de milla y media. En la playa había enormes montones de mercancías, y el sitio reflejaba cierta actividad. Por la tarde di un cordial adiós a mi compañero Mariano González, con quien había cabalgado tantas leguas en Chile. A la mañana siguiente el Beagle zarpó para Iquique.


12 de julio.—Anclamos en el puerto de Iquique, a


  1. Edinburgh Philosophical Journal, enero 1830, pág. 74, y abril 1830, pág. 258. Véase además Daubeny, en Volcanes, página 438, y Bengal Journal, vol. VII, pág. 324.