Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo II.djvu/265

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tahiti y nueva zelandia

años. Cabe esperar que mejore rápidamente el estado moral del pueblo. Mr. Bushby refirió una agradable anécdota en prueba de la sinceridad de algunos neófitos; al menos, de los que profesan el cristianismo. Uno de los jóvenes que había tenido a su servicio, y estaba acostumbrado a leer oraciones a los demás criados, se marchó a su casa. Varias semanas después le ocurrió a Mr. Bushby pasar a hora avanzada de la tarde por una casa aislada, y en ella vió y oyó a su antiguo sirviente leer la Biblia con dificultad, a la luz del fuego, a varios indígenas. Terminada la lectura, se pusieron de rodillas y oraron, y en sus oraciones mencionaron a Mr. Bushby y su familia, siguiendo con los demás misioneros y sus territorios correspondientes.


26 de diciembre.—Mr. Bushby se ofreció a llevarnos a Mr. Sulivan y a mí en su bote, algunas millas río arriba, hasta Cawa-Cawa, y después nos propuso dar un paseo y llegarnos a la aldea de Waiomio, donde hay algunas rocas curiosas. Tuvimos una excursión agradable, siguiendo un brazo de la bahía, y pasamos por lindos parajes en todo el trayecto, hasta una aldea, en la que el bote se detuvo por no poder seguir su navegación. En dicho lugar se nos ofrecieron un jefe y varios hombres a acompañarnos a Waiomio, que distaba cuatro millas. El jefe se había hecho famoso por haber ahorcado, hacía poco, a una de sus mujeres y a un esclavo, por adulterio. Cuando uno de los misioneros le reprendió, mostróse sorprendido y dijo que creía haber seguido fielmente la costumbre inglesa. El viejo Shongi, cuya permanencia en Londres coincidió con la causa seguida a la Reina, manifestó que desaprobaba lo hecho, y añadió que si tuviera cinco mujeres preferiría cortarles a todas la cabeza antes que aguantar tantas molestias por causa de una sola. Dejando la aldea, seguimos nuestro paseo, y atravesamos