Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo II.djvu/293

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
xix
275
australia

a poner en salvo la existencia de la raza. El plan seguido se pareció mucho al de las grandes cacerías de la India, y consistió en formar una trocha que cruzaba la isla, con ánimo de empujar a los indígenas a un chorco formado por la península de Tasmania. El intento fracasó, pues los naturales se deslizaron furtivamente por la noche al través de la línea, atados a sus perros. Lo cual no tiene nada de sorprendente, si se tiene en cuenta la destreza especial de los naturales para arrastrarse detrás de los animales salvajes y la gran agudeza de sus sentidos. Me han asegurado además que saben ocultarse en terreno despejado de un modo tal que, a no verlo, se creería imposible; sus cuerpos obscuros son fácilmente tomados por los troncos ennegrecidos que abundan dispersos sobre el terreno. En cierta ocasión un tasmaniano que estaba en la falda desnuda de una montaña apostó con unos ingleses a que se les escondería con sólo que tuvieran cerrados los ojos unos segundos. Cuando así lo hicieron, el indígena se agazapó en cierto sitio, y no hubo modo de distinguirle entre los troncos por allí esparcidos. Pero, volviendo a la gran batida organizada, los naturales se desconcertaron al observar el plan, y comprendieron que era inútil resistirse contra el poder y número de los blancos. Poco después se presentaron 13 de ellos, pertenecientes a las dos tribus, y, conscientes de su impotencia, se rindieron a discreción, perdida toda esperanza de triunfar. A raíz de este hecho, Mr. Robinson, hombre de corazón e inteligencia, visitó, intrépidamente, a los naturales más hostiles, y con sus amistosos razonamientos logró persuadirlos a que siguieran el ejemplo de los que se habían presentado. Entonces se los trasladó a una isla y se los proveyó de alimentos y vestidos [1]. Afirma el conde


  1. La raza aborigen de Tasmanía, negra y de cabello lanoso, era diferente de la de los aborígenes australianos y más afín a los