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de la isla mauricio a inglaterra

tánico de la vegetación. Muchas de estas plantas inglesas parecen medrar aquí mejor que en su país de origen, y también las hay de la opuesta región de Australia que se han aclimatado muy bien. Las numerosas especies importadas deben de haber destruído varias de las especies indígenas; de modo que sólo en las regiones más elevadas e inaccesibles predomina ahora la flora peculiar de la isla.

El carácter británico, o más bien galés, del paisaje resulta de las numerosas quintas y casitas blancas, y que, o bien se esconden en el fondo de profundísimos valles, o campean en las crestas de elevadas montañas. Hay vistas admirables, como, por ejemplo, la que se descubre desde un punto inmediato a la casa de sir W. Doveton, donde el atrevido pico llamado de Lot aparece irguiéndose sobre un obscuro bosque de abetos, y detrás de todo las rojas montañas denudadas de la costa sudeste. Al tender la mirada sobre la isla desde una altura, lo primero que llama la atención son los numerosos caminos y fuertes; la labor invertida en obras públicas, si no se considera la circunstancia de ser un lugar destinado al confinamiento de criminales, no guarda proporción con la extensión y valor de la isla. Escasea tanto el terreno llano y utilizable, que no se comprende cómo pueden vivir aquí 5.000 habitantes. Las clases bajas y los esclavos emancipados, son, según creo, extremadamente pobres; se quejan de la falta de trabajo. Es de creer que aumente la pobreza si se atiende a la reducción del número de empleados públicos que llevará consigo el abandono de la isla por parte de la Compañía de las Indias Orientales, junto con la emigración consiguiente de las familias más ricas. El alimento principal de la clase trabajadora es el arroz con un poco de carne salada; como ninguno de dichos artículos se produce en la isla, siendo necesario importarlo a buen precio, los jornales bajos agravan la triste situación de los pobres