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el orígen del hombre.

maciones eminentemente características; pero sus músculos están sumamente sujetos á variar, semejando en sus variaciones á los músculos correspondientes de los animales inferiores. Estas semejanzas son, ó completas y perfectas, ó imperfectas, y en este último caso son manifiestamente de carácter transitorio. Ciertas variaciones son más comunes en el hombre y otras en la mujer, sin que podamos asignar la causa. M. Wood, despues de haber descrito muchos casos de esta clase, hace la siguiente observación: «Hay notables desviaciones del tipo ordinario de las conformaciones musculares que siguen direcciones que indican algun factor desconocido, y que convendria mucho saber para adquirir un conocimiento inteligible de la anatomía científica y general.»

Puede admitirse, como probable en alto grado, que este factor desconocido es la reversion á un antiguo estado de existencia. Es completamente imposible creer que el hombre pueda, por puro accidente, semejar anormalmente en siete de sus músculos, á algunos monos, sin mediar entre estos y el hombre alguna conexion genérica. Por otra parte, si el hombre desciende de algun tipo simio, no hay ninguna razon poderosa para que ciertos músculos no reaparezcan súbitamente despues de un intervalo de muchos millares de generaciones, del mismo modo que en los caballos, asnos y mulos se ven surgir bruscamente rayas de color oscuro sobre cierta parte de la piel, despues de un intervalo de generaciones, á centenares ó á millares. Estos diferentes casos de reversion están tan relacionados con los de los órganos rudimentarios citados en el primer capítulo, que hubiéramos podido incluirlos en el presente. Así un útero humano provisto de cuernos, puede considerarse como representando en un estado rudimentario el mismo órgano que se observa