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el orígen del hombre.

darlo, el hombre debe esta inmensa superioridad á sus facultades intelectuales, á sus hábitos sociales que le conducen á ayudar y á defender á sus semejantes, y á su conformacion corporal. La suprema importancia de estos caracteres está probada por el resultado final de la lucha por la existencia. Por la fuerza de su inteligencia ha desarrollado el lenguaje articulado, que ha llegado á ser el agente principal de su sorprendente progreso. Ha inventado diversas armas, herramientas, lazos, etc. Ha construido balsas ó embarcaciones con las que ha podido dedicarse á la pesca, y pasar de una isla á otra vecina, más fértil. Ha descubierto el arte de encender fuego, y merced á él ha podido hacer comestibles y digeribles raíces duras y estoposas, logrando tambien cocer plantas, que, venenosas cuando crudas, han sido inofensivas cuando cocidas. El descubrimiento de aquel arte, el mayor tal vez despues del lenguaje, data de una época muy anterior á los primeros albores de la historia. Tan diversas invenciones, que hicieron al hombre preponderante aun en su estado más inferior, son el resultado directo de sus aptitudes para la observacion, la memoria, la curiosidad, la imaginacion, y el raciocinio.

El acto de disparar una piedra, con la precision con que lo hace un indígena de la Tierra de Fuego, sea para defenderse, sea para matar un ave, exige la perfeccion más consumada en la accion combinada de los músculos de la mano, del brazo y del hombre, y un sentido táctil bastante fino. Para despedir una piedra ó una lanza, como para otros muchos actos, el hombre debe afianzarse sobre sus piés, lo cual exige aun la coadaptacion perfecta de una porcion de músculos. Para tallar un pedernal, convirtiéndolo en la herramienta de ejecucion más grosera, ó para dar á un hueso la forma de un gancho ó de un an-