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el orígen del hombre.

ninguna razon para colocar al hombre en un órden distinto.»

He presentado, en el principio de esta obra, diversos ejemplos que prueban cuánto se aviene por su constitucion el hombre con los mamíferos superiores; avenencia que sin duda depende de la semejanza íntima que existe en la estructura elemental y la composicion química. He citado como ejemplo nuestra aptitud para contraer las mismas enfermedades, para ser atacados por iguales parásitos; nuestra comunidad de gustos para los mismos estimulantes y los efectos semejantes que producen; los resultados de diversas drogas, y otros hechos de la misma clase.

Haré mencion ahora de algunos puntos poco importantes de semejanza entre el hombre y los animales superiores, ya que por lo común no se los ha tomado en consideracion en las obras sistemáticas, aun cuando revelan claramente, cuando son numerosos, los vínculos de parentesco de uno y otros. La situacion relativa del conjunto de los rasgos de la cara, es evidentemente la misma en el hombre y en los Cuadrumanos; y las diversas emociones se expresan haciendo movimientos casi idénticos de los músculos y la piel, sobre todo en las cejas y al rededor de la boca. Hasta hay algunos actos expresivos casi iguales; tales como los sollozos de ciertas especies de monos, y los sonidos parecidos á carcajadas que producen otros; durante cuyos actos las comisuras de la boca se hacen atrás, y los párpados inferiores se doblan. El aparato externo del oido se parece en extremo. La nariz es mucho más saliente en el hombre que en la mayor parte de los monos: pero ya se advierte un principio de curvatura aguileña en la nariz del Jibon Hoolok, y aun mas ridículamente exagerada en el mismo órgano del Semnopithecus nasica.