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carlos r. darwin.

que se nota en el reino vegetal) la prueba más rigurosa de la mútua fertilidad de las formas progenitoras. En una isla del Pacífico descubriria una pequeña poblacion de sangre polinésica é inglesa cruzadas, y en el archipiélago Viti otra de Polinesios y Negritos cruzados en todos los grados imaginables. Se podrian citar muchos casos análogas, en el Africa del Sud, por ejemplo. En vista de estos casos hemos de admitir que las razas humanas no son bastante distintas entre sí para coexistir sin fusion; hecho que, en los casos ordinarios, proporciona el medio habitual para establecer la distincion específica.

También se turbaria en gran manera nuestro naturalista, al advertir que los caracteres distintos de todas las razas humanas son extraordinariamente variables. Este hecho sorprende en alto grado al que por primera vez contempla esclavos negros en el Brasil, á donde acuden de todas las parles del Africa. Lo propio se observa entre los Polinesios y otras razas. Dudamos mucho de que se pueda citar un carácter que sea distintivo de una raza, y constante. Aun los salvajes comprendidos dentro los límites de la misma tribu, distan mucho de presentar en sus caracteres la uniformidad que se ha supuesto. En las mujeres hotentotes se notan ciertas particularidades más desarrolladas de lo que lo están en otras razas; pero es sabido que este caso no es constante. Las diversas tribus americanas difieren mucho por el color y desarrollo de los cabellos; en los Negros africanos el color varia tambien en cierto grado, y de una manera muy aparente la forma de los rasgos fisiognómicos. La configuracion del cráneo es bastante variable en algunas razas, y lo propio acontece con todos los demás caracteres. Sabido es que los naturalistas han aprendido, por una triste experien-