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carlos r. darwin.

primeros son absolutamente inútiles, como las mamas de los cuadrúpedos machos, ó los incisivos de los rumiantes, que no llegan á perforar la encía; ó prestan tan ligeros servicios á sus posesores actuales que no podemos suponer de ningun modo que se hayan desarrollado en las condiciones en que hoy existen. Los órganos, en este último estado, no pueden llamarse estrictamente rudimentarios, pero propenden á serlo, los órganos rudimentarios son eminentemente variables; circunstancia que fácilmente se comprende ya que siendo inútiles ó poco menos, no están sujetos á la accion de la seleccion natural. A menudo desaparecen por completo; con todo, cuando así sucede, pueden reaparecer por reversion, en ciertas ocasiones, hecho que merece una atencion especial.

Los principales agentes que parecen suscitar el estado rudimentario en los órganos, son la falta de uso, que se ejerce generalmente durante la edad adulta, y la herencia en los periodos correspondientes de la vida.

En muchos puntos del cuerpo humano se han observado rudimentos de músculos diversos; los hay entre ellos que, existiendo regularmente en algunos animales inferiores, pueden volverse á encontrar accidentalmente en estado muy reducido en el hombre. Nadie ignora la aptitud que tienen muchos animales, y especialmente el caballo, para mover ciertas partes de la piel, por la contraccion del panículo muscular. Se encuentran restos de este músculo en estado de actividad, en algunos puntos del cuerpo humano; en la frente, por ejemplo, donde hace fruncir el entrecejo. Los músculos que sirven para mover el aparato externo del oido, y los músculos especiales que determinan los movimientos de las distintas partes pertenecientes al sistema paniculoso, se presentan en estado rudimentario en el hombre. En su desarrollo,