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el orígen del hombre.

ó á lo ménos en sus funciones, ofrecen variaciones frecuentes. He tenido ocasion de ver un individuo que podia mover hácia adelante sus orejas, y otro que podia echarlas hácia atrás. La facultad de enderezar las orejas y moverlas en distintos sentidos, presta indudablemente grandes servicios á muchos animales, que pueden así conocer el punto por donde les amenaza algun peligro, pero nunca he oido hablar de hombre alguno dotado de la facultad de enderezar las orejas, único movimiento que le pudiera ser útil. Toda la parte externa de la oreja, en forma de concha, puede ser considerada como un rudimento, lo propio que los diversos repliegues y prominencias que en los animales inferiores la sostienen y refuerzan, cuando está tiesa, sin aumentar en mucho su peso. Las orejas de los chimpanzés y orangutanes son sumamente parecidas á las del hombre, y los guardianes del Jardin zoológico de Lóndres me han asegurado que estos animales no las mueven ni las enderezan nunca; por lo tanto, consideradas en cuanto á sus funciones, se hallan en el mismo estado rudimentario que en el hombre. No sabemos decir por qué estos animales, como los antepasados del hombre, han perdido la facultad de enderezar las orejas. Es posible, aunque esta idea no me satisface por completo, que poco expuestos al peligro, á consecuencia de su costumbre de vivir en los árboles, y de su fuerza, hayan movido con poca frecuencia las orejas durante un largo período, perdiendo así la facultad de hacerlo. Este caso seria semejante al que ofrecen las aves grandes y de peso que habitando las islas oceánicas, donde no estaban expuestas á los ataques de los animales carniceros, han perdido la facultad de servirse de sus alas para huir.

Existe muy desarrollado en los ojos de las aves un