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el orígen del hombre.

A menudo se vé á cinco ó seis mariposas machos que van en pos de una misma hembra, y traban por el camino encarnizados combates aéreos. La inteligencia de estos pequeños séres se presenta frecuentemente en un alto grado de desarrollo.

Entre los Hemípteros y los Hortópteros sólo se pueden señalar las facultades musicales de los machos que son resultado de muy distintas disposiciones. El monótono canto de las cigarras se produce por la brusca expulsion del aire á través de los orificios de las tráqueas; aparatos muy complicados dan mayor intensidad á estos sonidos. Los grillos frotan una contra otra las bases de sus élitros. Todos estos insectos y algunos otros tienen sin duda placer en hacer más ruido que sus vecinos, y es incontestable que el objeto de su canto consiste en anunciar su presencia á las hembras que acuden desde muy léjos. Por otra parte, es cierto que los que más gritan tienen más probabilidades de atraerse hembras y, por consiguiente, de reproducirse, lo que es una condicion muy favorable para el desarrollo gradual del órgano de la voz.

El inimitable observador M. Fabre, descifrando las costumbres de un Himenóptero, el Cerceris, insecto parecido á la avispa, observa que «los machos traban á menudo luchas por la posesion de alguna hembra particular que se halla presente, indiferente espectadora del combate á que se entregan para obtenerla, y que, cuando la lucha ha terminado, emprende el vuelo tranquilamente unida al vencedor.» Los machos de muchas especies de hormigas son negros, y las hembras de un tinte algo claro: en la familia de las Abejas, principalmente en las especies solitarias, los sexos difieren á menudo de color.

Algunos Coleópteros ostentan matices brillantísimos. Tales son, entre otros, los escarabajos, protegidos suficientemente por su espesa coraza, las cantáridas, y otros insectos cuyo repugnante gusto les pone al abrigo de todo ataque. Darwin cree que todos estos séres, cuando macho y hembra son igualmente vistosos, han podido