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carlos r. darwin.

Los hechos anteriores, y muchísimos más que se podrian citar, prueban de una manera incontestable que los machos no ignoran el poder de los adornos de que están dotados, y que, por su parte, las hembras son sensibles á los bellos matices y á los atractivos de sus compañeros. Se han visto muchos ejemplos de que las hembras tienen preferencias muy marcadas á favor de ciertos machos: Lichtenstein vió en el cabo de Buena-Esperanza á una hembra del Phera Progne, que repudió á su macho, al perder este las largas rectrices que embellecen su cola durante la época de la reproduccion.

Otra observacion curiosa es la de que en las aves polígamas el macho está siempre mucho más adornado que la hembra.

Cuando los machos difieren de las hembras por un carácter cualquiera, este se desarrolla generalmente en la época de la aptitud para la reproduccion. Hasta entonces los pájaros cantores se limitan á gorjear débilmente, como las mismas hembras. Los machos, más brillantes que estas, tienen en su juventud un plumaje de un color apagado, el cual se presenta con el mismo aspecto en los jóvenes de ambos sexos, y se parece mucho al de la hembra adulta.

En virtud de la seleccion sexual, un considerable número de variaciones ventajosas, aparecidas accidentalmente en la época de la pubertad, han sido fijadas en su plumaje, se han transmitido hereditariamente tan sólo en el sexo masculino, y han continuado desarrollándose únicamente en la fecha relativa de su primera aparicion.

De igual manera nos podemos explicar la formacion del canto, la posesion de algunas armas ofensivas ó defensivas, como los espolones de muchas gallináceas, y hasta las curiosas modificaciones sufridas por ciertas plumas con objeto de producir ruidos más ó ménos musicales.

Muy á menudo los machos sólo adquieren sus hermosos colores durante el estricto período de la reproduccion, perdiendo despues de ella sus plumas más bellas; en este