Página:Charles Darwin - El origen del hombre.djvu/244

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
240
el orígen del hombre.

caso, como en los anteriores, se puede aplicar la ley de seleccion sexual, ya que estos colores pasajeros son verdaderos caractéres sexuales.

Mamíferos.—Obsérvase un paralelismo sorprendente entre los caractéres sexuales secundarios de los mamíferos y los de las aves, tales como las armas con que luchan con sus rivales, los apéndices ornamentales y los colores. En ambas clases cuando el macho difiere de la hembra, los jóvenes de ambos sexos se parecen entre sí, y, casi siempre, á las hembras adultas. El macho adquiere los caractéres propios de su sexo poco antes de tener aptitud para la reproducción; y la castracion se los impide adquirir á causa su pérdida ulterior. La estacion puede tambien determinar en las dos clases el cambio de color, ó las tintas de las partes desnudas pueden aumentar de intensidad en el momento de aparearse. En muchos mamíferos y en alguna ave, el macho despide un olor más pronunciado que la hembra. La voz de aquel es, en las dos clases, más intensa que la de esta. Este paralelismo nos induce á creer en la indudable accion de una misma causa, sea cual fuere, sobre los mamíferos y aves; causa que residirá sin duda en la preferencia, persistente durante mucho tiempo, de parte de los individuos de un sexo por los del opuesto; combinada con el hecho de que de este modo habrán logrado dejar mayor número de descendientes herederos de sus principales ventajas de ornamentacion.

Las facultades mentales de los animales más superiores difieren sólo en grado, no en esencia, de las facultades correspondientes en el hombre, sobre todo en las razas humanas salvajes é inferiores; hasta parece que el gusto por lo bello que sienten estas últimas es poco distinto del que prueban tener los Cuadrumanos. Del mismo modo que el negro africano se hace extrañas cicatrices en la cara creyendo aumentar su belleza, podemos admitir que el mandril africano macho, cuyas mejillas están cruzadas por rayas encarnadas que le dan un aspecto grotesco y repugnante á la vez, puede haber adquirido dichos