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carlos r. darwin.

tercer párpado, colocado en el ángulo interno que, por medio de músculos accesorios, puede subir rápidamente por la parte delantera del ojo. Algunos Reptiles y Anfibios, y varios Peces, como el tiburon, tienen asimismo este tercer párpado. Se le vé tambien, bastante desarrollado, en las dos divisiones inferiores de la série de los Mamíferos, los Monotremos y los Marsupiales, y en algunas mas elevadas. En el hombre, los cuadrúpedos y mamíferos restantes, existe, como admiten todos los anatómicos, bajo la forma de un simple rudimento: el pliegue semi-lunar.

El sentido del olfato tiene una gran importancia para la mayor parte de los mamíferos, ya advierta á unos el peligro, como á los rumiantes; ya permita á otros descubrir su presa, como á los carnívoros; ya sirva para ambos objetos, como al jabalí. Pero son pocos los servicios que presta aun á los salvajes, entre los que está más desarrollado generalmente que entre las razas más civilizadas. Ni les advierte el peligro, ni les guia hacia donde pueden encontrar su sustento; no impide á los Esquimales dormir en una atmósfera de las más fétidas, ni á muchos salvajes comer la carne medio podrida. Los que creen en el principio de la evolucion gradual no admitirán fácilmente que este sentido, tal como existe hoy, haya sido adquirido originariamente por el hombre. Sin duda ha heredado esta facultad debilitada y rudimentaria de algun antecesor antiquísimo, á quien era útil y que de ella hacia contínuo uso. Esto nos permite comprender por qué; como justamente observa Mandsley, el sentido del olfato está en el hombre «notablemente sujeto á recordar la idea y la imágen de las escenas y de los sitios olvidados;» porque en los animales que tienen este mismo sentido muy desarrollado, como los perros y los caballos, vemos