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el orígen del hombre.

todavía, si es que alguna vez puede llegar el hombre á resolverlos.

Poseyendo el hombre los mismos sentidos que los animales, sus intuiciones fundamentales deben de ser las mismas. Tienen uno y otros algunos instintos que les son comunes, tales como el de la propia conservacion, el amor sexual, el amor de la madre á sus hijos recien nacidos, y otros muchos. Con todo, el número de instintos del hombre es tal vez menor que el de los que poseen los animales á él inmediatos, en la série zoológica. El orangután y el chimpanzé construyen plataformas sobre las que duermen; teniendo ambas especies la misma costumbre, se puede deducir que es un acto instintivo, pero no podemos estar seguros de que no sea un resultado de idénticas necesidades, sentidas por dos especies dotadas de igual raciocinio. Estos monos no tocan los muchos frutos venenosos de los trópicos, al paso que el hombre los desconoce; pero como nuestros animales domésticos, trasladados á países lejanos, comen á menudo al principio yerbas venenosas que luego rechazan, tampoco podemos negar en absoluto que los monos hayan aprendido, por experiencia propia ó hereditaria, á conocer los frutos que debian escoger. Con todo, es positivo que los monos sienten un terror instintivo en presencia de la serpiente, y probablemente, de otros animales venenosos.

Los instintos de los animales superiores son pocos y simples cuando se comparan con los de los animales inferiores. Los insectos que poseen instintos más notables son ciertamente los más inteligentes. Los individuos ménos inteligentes de la série de los vertebrados, tales como los peces y anfibios, no tienen instintos complicados, y entre los mamíferos, el animal más notable por los suyos, el castor, posee una gran inteligencia.