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el orígen del hombre.

fuga. Estos monos se portaban de un modo completamente distinto cuando se introducia en sus jaulas un pez muerto, un raton ú otros objetos nuevos; en tal caso, aunque asustados en el primer momento, no tardaban mucho en aproximarse á ellos para examinarlos y manosearlos. En seguida metí una serpiente viva dentro un saco de papel mal cerrado, y la puse en uno de los mayores compartimientos. Una de las monas se acercó inmediatamente al saco, le abrió un poco con cuidado, echó una mirada al interior, y se escapó velozmente. Entonces fui testigo de lo que describe Brehm, porque todos, unos tras otros, alta la cabeza y recelosamente inclinada á un lado, no pudieron resistir á la tentacion de querer ver lo que habia en el interior del saco, en cuyo fondo permanecia tranquila la serpiente.

El principio de imitacion es poderoso en el hombre, sobre todo en su estado salvaje. Desor hace notar que ningun animal imita voluntariamente un acto efectuado por el hombre hasta que remontando la escala zoológica se llega á los monos, cuyas disposiciones y facultades de cómica imitacion son de todos conocidas. A pesar de ello, los animales pueden remedar unos á otros: ciertas especies de lobos que nunca habian estado entre perros habian aprendido á ladrar, como á veces sucede con el chacal; falta saber si aquel acto puede llamarse de imitacion voluntaria. Las aves imitan el canto de sus ascendientes y á menudo el de otras aves, y los loros son notoriamente imitadores de todos los sonidos que oyen con frecuencia.

Casi no hay facultad más importante para el progreso intelectual del hombre que la de la atencion. Esta se manifiesta claramente entre los animales, como cuando un perro se pone en acecho cerca de un agujero para arrojarse sobre su presa. Cuando los animales salvajes ace-