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carlos r. darwin.

evidentemente que la excitacion les agrada y el fastidio les hace sufrir; así se observa en los perros, y, segun Rengger, en los monos. Todos los animales experimentan la sorpresa y muchos dan pruebas de curiosidad. Esta última aptitud les es algunas veces perjudicial, como cuando el cazador los atrae con diferentes reclamos. Yo lo he observado en el ciervo. Lo mismo pasa con el receloso gamo y algunas especies de patos silvestres. Brehm hace una curiosa relacion del terror instintivo que se apoderaba de sus monos á la vista de las serpientes; con todo su curiosidad era tanta, que no podian contenerse y se cercioraban de la verdad de su horror de una manera muy racional: levantando la tapa de la caja que encerraba las serpientes. Sorprendido yo por este relato, quise convencerme por mí mismo de su veracidad, y transporté una serpiente disecada al cercado de los monos del Jardin zoológico, entre los que excitó una efervescencia cuyo espectáculo fué uno de los más curiosos que he podido presenciar. Los más alarmados fueron tres especies de Cercopitecos, que se refugiaron rápidamente en sus jaulas, dando la señal de alarma con sus agudos chillidos, que fueron comprendidos por los demás monos. Algunos jóvenes, y un viejo Anubis, no pararon su atencion en la serpiente. Entonces yo coloqué el reptil relleno de paja dentro de uno de los grandes compartimientos. Al cabo de un rato todos los monos se habian reunido, formando un compacto círculo al rededor del objeto que miraban fijamente, y presentando el aspecto más cómico que imaginarse pueda. Pusiéronse sumamente nerviosos, en términos de que bastó dar un ligero movimiento á una bola de madera medio escondida entre la paja y con la que estaban familiarizados que les servia de juguete habitual, para que emprendiesen instantáneamente una precipitada