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carlos r. darwin.

nera que no se puede hacer un cálculo importante sin tener signos ó valerse del álgebra. También parece que hasta la ilacion de las ideas ordinarias necesita alguna forma de lenguaje, porque se ha observado que cuando dormia Laura Bridgman, joven sordo-muda y ciega, hacia señas con los dedos. Esto no obstante puede cruzar por la imaginacion una larga serie de ideas vivas, y mútuamente dependientes, sin el concurso de ninguna especie de lenguaje, hecho que podemos inferir de los prolongados ensueños que se observan en los perros. Hemos visto que los de caza pueden razonar en cierto modo, lo que evidentemente hacen sin servirse de lenguaje alguno. Las íntimas conexiones que existen entre el cerebro y la facultad del lenguaje, tal como está desarrollada en el hombre, resaltan claramente de esas curiosas afecciones cerebrales que atacan especialmente la articulacion de los sonidos y en las que desaparece el poder de recordar los sustantivos, mientras subsiste intacta la memoria de otros nombres. Tan probable es que los efectos del uso contínuo de los órganos de la voz y de la inteligencia hayan llegado á ser hereditarios, como que la escritura, que depende simultáneamente de la estructura de la mano y de la disposicion del ánimo, sea hereditaria tambien; hecho completamente cierto.

Fácil es comprender por qué los órganos que sirven actualmente para el lenguaje, han sido en su orígen perfeccionados con este objeto, con preferencia á otros. Las hormigas se comunican recíprocamente sus impresiones por medio de sus antenas. Nosotros hubiéramos podido servirnos de los dedos como instrumentos eficaces, ya que, con la costumbre, puede trasmitirse á un sordo-mudo un discurso pronunciado en público, palabra por palabra; pero entonces la pérdida de las manos hu-