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el orígen del hombre.

no puede negarse, ya que las mismas mujeres se sirven de las plumas de las aves para su tocado. Al propio tiempo, las dulces melodías del canto de los machos durante la época de la reproduccion, son objeto de la admiracion ostensible de las hembras. Porque, en efecto, si estas fuesen incapaces de apreciar los magníficos colores, los adornos y la voz de sus machos, todo el cuidado y anhelo que estos ponen en hacer gala de sus encantos, serian inútiles, lo cual no puede admitirse. No creo que podamos explicar más satisfactoriamente el porqué ciertos sonidos y colores nos causan placer cuando son armoniosos, que el porqué ciertos sabores y perfumes nos parecen gratos, pero es lo cierto que muchos animales inferiores admiran con nosotros los mismos colores y los mismos sonidos.

El amor á lo bello, por lo menos en lo que respecta á la belleza femenina, no tiene en el espíritu humano un carácter especial, ya que difiere mucho en las diferentes razas, y ni aun es idéntico en las distintas naciones de una raza misma. A juzgar por los repugnantes adornos y la música atroz que admira la mayoría de los salvajes, podria afirmarse que sus facultades estéticas están ménos desarrolladas en ellos que en muchos animales, tales como las aves. Es muy cierto que ningun animal es capaz de admirar la pureza del cielo en la noche, un paisaje bello ó una música estudiada; pero tampoco los saben admirar los salvajes, ó las personas que carecen de educacion, ya que estos gustos dependen de la cultura de asociaciones de ideas muy complexas.

Muchas facultades que han contribuido útilmente al progreso del hombre, tales como la imaginacion, la sorpresa, la curiosidad, el sentimiento indefinido de la belleza, la tendencia á la imitacion, el amor de la novedad, etc., han debido encaminarle á introducir caprichosas