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el orígen del hombre.

esencial de la castidad es una virtud moderna que pertenece exclusivamente, conforme lo hace observar sir G. Staunton, á la vida civilizada. Prueban tambien la verdad de este aserto los antiguos ritos religiosos de diversas naciones, las pinturas de las paredes de Pompeya, y las prácticas groseras de muchos salvajes.

Acabamos de ver que estos, y probablemente lo mismo sucedió con los hombres primitivos, no juzgan buenas ó malas las acciones, sino en cuanto afectan de una manera aparente el bienestar de la tribu, no el de la especie, ni el del hombre considerado como miembro individual de la tribu. Esta conclusion viene perfectamente con la creencia de que el sentido llamado moral se deriva primitivamente de los instintos sociales, ya que los dos se enlazan en su orígen con la comunidad exclusivamente. Las principales causas de la poca moralidad de los salvajes, apreciada bajo nuestro punto de vista, son, primero, la limitacion de la simpatía á la sola tribu; segundo, una insuficiente fuerza de raciocinio, que no permite calcular la trascendencia que puede tener para el bien general de la tribu el ejercicio de muchas virtudes, sobre todo de las individuales. Los salvajes no pueden formarse una idea de la infinidad de males que produce la intemperancia, el libertinaje, etc. Tercero, un débil poder sobre sí mismo, ya que esta aptitud no ha sido fortalecida en ellos por la accion continuada, y tal vez hereditaria, del hábito, la instruccion y la religion.

Me he extendido en los detalles que preceden acerca de la inmoralidad de los salvajes, porque algunos autores han considerado recientemente con miras un tanto elevadas su naturaleza moral, ó atribuido la mayor parte de sus crímenes á una benevolencia mal dirigida. Estos autores apoyan sus asertos en el hecho de que los salvajes