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Salió Varela de la universidad con un buen fondo de cultura clásica, contando entre sus ensayos de colegio, unos vereos latinos y una traducción de la elegía, tercera del libro III de los Tristes de Ovidio. Tradujo muchas de las Odas de Horacio, aunque no en todas fué feliz.

Su ensayo más notable, en este género, fué la versión de algunos libros de la Eneida con que entretuvo sus ocios de desterrado en 1829 y 1836.

Si Varela, considerado como traductor, no pasa de mediano á pesar de su buen gusto y sólidos estudios de humanidades, resulta muy superior á sí mismo, cuando en lugar de traducir, imita, inspirándose libremente en los modelos antiguos, especialmente en Virgilio. Los versos más virgilianos de Varela no son los de su traducción de la Eneida, sino los de su tragedia Dido, que es una adaptación dramática del libro IV del poema, siguiéndole á veces casi á la letra, pero con mucha pasión y mucho fuego.

No fué Dido su único ensayo dramático. Al año siguiente (1824) publicó la Argia, tragedia por el corte de las de Alfieri, en que no sólo imitó los argumentos del dramaturgo italiano, sino también su dicción y estilo.

Los versos de la Argia son menos armoniosos y elocuentes que los de la Dido, pero tienen en medio de sus asperezas, un corte más propio del diálogo dramático, pero, ni una ni otra son recomendables como piezas de teatro, sino como obras abundantes en bellezas líricas, porque lírico era el numen de Varela. «La tragedia clásica," dice Juan María Gutiérrez, nació y murió en las letras argentinas con Juan Cruz Varela. Sólo su gran talento y su profundo estudio de los grandes modelos, pudo restituirle la vida entre nosotros.»

En ninguna parte brilló talento como en sus odas, aunque sean de muy desigual mérito. Abundan entre ellas los cantos patrióticos, pero con títulos tan largos que parecen mejor para encabezar un boletín que una poesía. Júzguese por este: Oda en elogio de los señores generales don José de San Martin y don Antonio González Balcarce, por el triunfo de nuestras armas á su mando en los llanos del rio Maipo, el día 5 de Abril de 1818.

Participando de las ideas de Rivadavia, del cual fué gran admirador, hízose durante el gobierno de aquel, defensor de su política, ya en el «Mensajero Argentino» y en «El Tiempo», ya en «El Centinela», y «El Porteño», trasportando á sus versos el pensamiento de la reforma liberal que aquel inició, y convirtiéndose en una especie de comentador poético de ella.