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reformadora de la Constitución. Fué después, á pesar de no ser abogado, profesor de derecho constitucional, y varias veces representante del pueblo en los congresos nacionales.

Sus numerosas atenciones de esta época de su vida, al par que sus largos y pacientes estudios, no bastaban á llenar por completo su tiempo pues también lo tuvo para fundar y dirigir la «Revista», la mejor publicación que en su género había existido entre nosotros.

Pero donde la talla de Estrada, se destaca culminante, es como orador, título que puede medir sin reparo, con los más notables de la República, siendo por más de un concepto, superior á muchos de ellos.

Poseía todas las facultades y todos los secretos de arte tan difícil, y su palabra, desbordante de elocuencia, á la vez que elevada y enérgica, impresionaba y conmovía.

Entre sus discursos más notables, hay que hacer mención del de la apertura de su cátedra de Historia Argentina, en que hizo un notable bosquejo de la civilización política del Río de la Plata.

En los diferentes congresos de que fué miembro, muchas fueron las veces que dejó oir su voz, pero con tintes más marcados que en otras ocasiones, aún resuenan con la brillantez característica de su estilo y la profunda abundancia de su ciencia, los enérgicos ataques con que en 1886 contrarió los recursos de la fuerza.

Su alma templada para la lucha, sincera, vehemente y apasionada, tenía la elocuencia noble é inspirada de los creyentes.

La descripción de su vida, es fácil que encontrara estrechos las proporciones de un libro, pero la síntesis de sus sentimientos, de sus anhelos y de sus pasiones está concentrada en dos palabras supremas: Dios y Patria.




PEDRO GOYENA


Nació en Buenos Aires el año 1843.

Apenas tenía veinte y un año, cuando fué nombrado profesor de filosofía del Colegio Nacional, cargo que desempeñó hasta que se graduó en 1869. Al año siguiente se hizo cargo de la «Revista Argentina», donde publicó numerosos trabajos de crítica, con los que llegó al primer rango entre los literatos argentinos.