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El Escarabajo de Oro

Hablas de que tu amo está enfermo. ¿No te ha dicho lo que tiene?

— ¡Güeno, patrón! No hay que alterase po eso. Amo Will dice que no tiene ná... Pero ¿por qué anda poahí con la cabeza enterrá entre sus hombros y blanco como una visión?... ¡Otra cosa! Siempre etá con una chará..."

— ¿Una qué, Júpiter?

— Sí; una chará, y una pizarra con lo número má raros que se ha vito. Le digo a uté que me asuta en veces. Necesito mucho ojo con sus cosas. L'otro día se m'escapó a la madrugá y se jué todo el bendito día. Tuve preparao un garrote pá dale una güeña soba cuando volviese; pero soy tan zonzo que no tuve alma dempués de tó... Parecía tan despeao que me dio lástima.

— ¡Eh? ¡Cómo? ¡Ah, sí! Bien, teniendo todo en cuenta, creo que es mejor que no seas muy severo con el pobre. No lo disciplines, Júpiter; no me parece que está en condiciones de resistirlo. Pero ¿no puedes imaginar qué es lo que ha producido su enfermedad, o mejor dicho, este cambio en sus maneras? ¿Ha sucedido algo desagradable después que no nos hemos visto?

— No, patrón, no ha sucedido ná dende entonce. Me paece que jué antes... jué el mimo día que uté etuvo.

— ¡Cómo! ¿qué quieres decir?

— Güeno, patrón, yo digo que jué la cucaracha.. ¡eso!

— ¿El qué?