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Cuentos Clásicos del Norte

la cabeza entre los mejores, dotóle al punto de incalculables riquezas. Consistían, parte en una mina de oro en Eldorado, y parte en diez mil acciones en una bancarrota fraudulenta; medio millón de acres de viñedos en el polo norte; un castillo en el aire y un castillo en España; agregado a la renta que todo aquello pudiera producir. Hízole donación asimismo del cargamento de sal de Cádiz que llevaba cierto buque al cual hizo naufragar la hechicera diez años atrás en mitad del océano por medio de sus artes nigrománticas. Si la sal no se hubiera disuelto y pudiera introducirse en el mercado, permitiría levantar una bonita suma entre los pescadores. Para que no careciera de dinero en efectivo, le dió un cuarto de penique de cobre, sellado en Bírmingham, que era todo lo que poseía; y, además, muchísima calderilla[1] que al aplicarse sobre la frente, la volvía más y más refractaria a colorearse.

—Con esta clase de moneda solamente, —dijo Mamá Rigby,— puedes hacer carrera en el mundo. ¡Bésame, tesoro mío! He hecho por ti lo más que me ha sido posible.—

Además, con el objeto de que tuviera el aventurero todas las ventajas necesarias para un bello ingreso en la vida, la excelente anciana le dió una contraseña que le haría reconocer por cierto magistrado, miembro del consejo, mercader, y funcionario eclesiástico: cuatro dignidades que constituían

un solo hombre que se encontraba a la cabeza
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  1. Juego de palabras intraducible. Brass, con referencia a moneda, significa calderilla, numerario de cobre o bronce; y en otro sentido, descaro, desvergüenza. —La Redacción