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Cuentos Clásicos del Norte

sitio lo justamente indispensable para evitar el sol, y aprovechar la sombra de un gran árbol que alli junto crecía; de manera que los vecinos podían decir la hora por sus movimientos con tanta exactitud como por un cuadrante. Verdad es que rara vez se le oia hablar, pero en cambio fumaba su pipa constantemente. Sus admiradores (¿qué grande hombre carece de ellos?) le comprendían perfectamente y sabían la manera de interpretar sus opiniones. Cuando le disgustaba algo de lo que se leía o refería, podía observarse que fumaba con vehemencia lanzando frecuentes y furiosas bocanadas; pero cuando estaba satisfecho arrancaba suaves y tranquilas inhalaciones, emitiendo el humo en nubes plácidas y ligeras; y aun algunas veces, separando la pipa de sus labios y dejando que el humo fragante se ondulara a la extremidad de su nariz, movía gravemente la cabeza en señal de perfecta aprobación.

Pero aun de esta fortaleza se vió desalojado el infortunado Rip por su agresiva mujer, quien atacó repentinamente la paz de la asamblea volviendo polvo a todos sus miembros; y ni la augusta persona de Nicholas Védder quedó a salvo de la atrevida lengua de la terrible arpía que le acusó de alentar a su marido en sus hábitos de ociosidad.

El pobre Rip vióse al fin en los umbrales de la desesperación; siendo su única alternativa para escapar del trabajo de la alquería y de los clamores de su mujer, coger su fusil e internarse entre los bosques. Sentábase allí a veces al pie de un árbol y compartía el goce de sus alforjas con Wolf, con