Página:Cuentos de hadas.djvu/174

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suela; si se hubiese puesto a la razon como nosotras, no sería ahora la causa de la muerte de papá.

—¿Porqué he de llorar yo la muerte de papá? contestó Linda. ¿Porqué ha de morir papá? ¿No dijo el monstruo que se contentaba con una de sus hijas? Pues yo me entrego á su furor, y me considero dichosa de poder con mi muerte salvar á mi padre, y demostrarle de esta suerte todo mi cariño.

—No, hermanita, exclamaron los tres hermanos, no morirás. Nosotros irémos en busca del mónstruo, y hemos de matarle, ó perecerémos en la demanda.

—No os forjeis ilusiones, hijos mios, exclamó el comerciante; es tan grande el poder de aquella fiera, que no nos queda ni aun sombra de esperanza. El corazon de Linda me encanta y enamora; mas Dios me libre de exponerla á la muerte. Yo ya soy viejo, pocos años me quedan de vida, y solo por vosotros, hijos mios, la deseo.

—Pues yo juro, añadió Linda, que no ha de ir V. sin mi compañía á ese palacio. ¿Quién podrá impedirme que vaya? Más quiero ser devorada por aquel monstruo, que no morir de pena por la pérdida de V.

No valieron reflexiones; empeñóse Linda en ir al hermoso palacio: sus hermanas estaban llenas de admiracion y tenian celos de su hermana menor. Fué tan grande el dolor que le causaba al comerciante la idea de perder á su hija, que no se acordó siquiera del cofre lleno de oro; pero júzguese cual debió ser su asombro cuando al acostarse se lo encontró junto á la cama.

Nada quiso decir á sus hijos de sus riquezas, pero sí