Página:Cuentos para los hombres que son todavía niños.djvu/64

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jo pino, el suave fantasma de la luna. Abrazadas nos quedábamos dormidas.


Frente a mi incensario, sigo recordando. Las brasas se han extinguido. Brutalmente el viento deshace la última figurita que formó para mi regocijo el humo perfumado.