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DE PATAGONIA.

con algunos indios, que prudentemente se habian retirado. Hallandose chasqueados aquí, fueron por la costa hácia el Vulcan, donde encontraron una tropa de Guilliches, quienes no siendo enemigos, salieron sin armas á recibirlos, no teniendo la menor sospecha de peligro alguno. Pero sin embargo de esto, y de haber intercedido á favor de estos pobres, un oficial de la tropa española, fueron cercados, y tallados en piezas por orden del Mariscal de Campo, quien concluida esta victoria, marchó con su gente al Salado, que está cerca de 40 leguas de la ciudad, y casi 20 de las quintas ó caserías de Buenos Aires, donde un cacique Tehuel, llamado Tolmichi-ya, pariente de Cangapol, amigo y aliado de los españoles, estaba acompañado bajo la protección del Gobernador Salcedo. Este cacique con la carta del Gobernador en la mano, y mostrando su licencia, fué muerto de un pistoletazo que le dió en la cabeza el Mariscal de Campo. Todos los indios tuvieron esta desgracia, quedando cautivas las mugeres y niños, con el hijo menor del cacique. Por fortuna el mayor habia salido dos dias antes á cazar caballos silvestres, con una partida de indios.

De tal manera exasperó esta cruel conducta del Maestre de Campo á todas las naciones de Puelches y Moluches, que tomaron al punto las armas contra los españoles, quienes se vieron de repente atacados desde las fronteras de Córdoba y Santa Fé, todo á lo largo del Rio de la Plata, frontera de 400 leguas; de modo que les era imposible defenderse, porque los indios se echaban en pequeñas partidas volantes sobre muchas villas y caserias á un mismo tiempo, y la luz de la luna impedia el descubrir su número; y así mientras los españoles los perseguian por una parte, dejaban los demas sin resguardo.

Cangapol, que con sus Tehuelches habia vivido hasta entonces en gran amistad con los españoles, se irritó sumamente al ver la maldad ejecutada con su hijo, la muerte de sus amigos los Guilliches, la de su amado pariente, y otros, y manera indigna con que trataron sus cadáveres; y aunque entonces tenia cerca de 60 años, salió al campo á la cabeza de mil hombres (otros dicen cuatro mil) compuestos de Tehuelches, Guilliches, y Peguenches: se echó sobre el distrito de la Magdalena, distante cerca de 4 leguas de Buenos Aires, y repartió sus tropas con tanto juicio, que limpió y despobló, en un dia y una noche, mas de 12 leguas del pais mas poblado y abundante. Mataron muchos españoles, é hicieron cautivas un gran número de mugeres y niños, y robando ademas, pasadas de veinte mil cabezas de ganado, fuera de caballos. En esta expedicion los indios solo perdieron un Tehuelche, el cual apartándose de los demas con esperanza de hacer presa, cayó en manos