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DE PATAGONIA.

Formaron tambien otra creencia, que despues de la muerte han de volver otra vez á sus cuevas divinas, añadiendo que las estrellas son los indios antiguos, y que la via léctea es el campo donde van á cazar los avestruces, cuyas plumas son las dos nubes meridionales. Llevan la opinion de que la creacion aun no se ha acabado, ni que todo haya venido á la luz del dia en este mundo superior.

Sus hechiceros, tocando sus tambores, y haciendo ruido con sus calabazas llenas de conchas, pretenden ver debajo de la tierra hombres, ganados, &a., con tiendas de aguardiente comun, cascabeles, y otras varias cosas: pero estoy bien asegurado que todos ellos, ó la mayor parte, no creen en esta tonteria, porque el cacique tehuel, llamado Chechuentuya, me vino á ver una mañana, y darme razón de un nuevo descubrimiento hecho por uno de sus hechiceros de paises subterráneos, que estaban debajo del lugar donde vivíamos. Pero riéndome de él, y exponiéndole su simplicidad de dejarse engañar de tales fábulas, respondió Epucungeigu, esto es, cuento de viejas.

La mala potencia se llama por los Moluches Huecusú, esto es, el vagador; por los Tehuelches y Checheheches, Atikan, Nakannatz, y por los otros Puelches, Valichu.

Confiesan haber un gran número de demonios vagando por el mundo, á quienes atribuyen todo el mal que se hace, sea á hombres ó á mugeres, y aun á bestias; estando tan obstinados en esta creencia, que aseguran que todo el cansancio ó fatiga de sus largas jornadas ó trabajo, viene de estos demonios. Suponen que cada uno de sus hechiceros tiene dos demonios familiares, que les asisten continuamente, y les avisan todo lo futuro, y aun lo que pasa al presente, á gran distancia de ellos; que los ayudan á curar sus enfermos, peleando y echando fuera, ó apaciguando los otros demonios que los atormentan. Creen tambien que las almas de estos hechiceros, despues de muertos, son otros tantos demonios.

Dirigen enteramente su culto á esta mala potencia, exceptuando algunas ceremonias particulares que usan con respecto á sus difuntos. Para practicar su culto se juntan en la tienda del hechicero, el cual está escondido en un rincon de ella, donde tiene un pequeño tambor, una ó dos calabazas rodeadas de conchas, y algunas bolsas de piel pintadas, en que guarda los materiales de sus encantos: comienza la ceremonia haciendo un gran ruido con el tambor y calabazas; finge luego una epilepsia en que lucha con el diablo, que supone entra en el, teniendo los ojos levantados, las facciones torcidas, echando espuma por la boca, y sus coyun-