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DE PATAGONIA.

En una guerra general, cuando muchas naciones se alian con su común enemigo, eligen un Apo, ó Comandante en gefe de entre los viejos, y mas celebrados caciques, cuyo honor aunque electivo, ha muchos años que en alguna manera se ha hecho hereditario en la familia de Cangapol, quien va á la cabeza de los Tehuelches, Checheches, Guilliches, Peguenches y Diviheches, cuando se unen sus fuerzas. Acampan regularmente á 30 ó 40 leguas del pais de los enemigos, para no ser descubiertos, y enviar sus espías á examinar los parages, y plazas que quieren atacar. Escdndense de dia, y salen de noche para señalar todas las casas y quintas de los lugares que se proponen atacar, observando con la mayor exactitud su disposicion, número de sus moradores, y modos de su defensa. Informados bien de todo, lo participan al grueso del ejército, para que luego que se pase el plenilunio, y tengan la luz necesaria para su trabajo, marchen al ataque. Al punto que se acercan al parage señalado, se separan en diferentes cuerpos pequeños, teniendo cada uno determinado á su ataque sobre tal casa, ó tal quinta. Empiézanle á pocas horas después de media noche, matando á todos los hombres que se les oponen, y cautivando á todas las mugeres y niños. Las de los indios, siguen á sus maridos armadas con porras, varas, y algunas veces espadas, para desbaratar y robar cuanto encuentran en las casas, como vestidos, utensilios domésticos, &a. y cargadas con su presa, se retiran lo mas presto que pueden, sin pararse de dia ni de noche, hasta hallarse á gran distancia, y fuera del peligro de ser alcanzados por sus enemigos. Aquí paran, y reparten su presa, lo que rara vez hacen sin perder las amistades, terminando por lo común en riñas, y efusion de sangre.

Otras veces hacen una especie de guerra volante, con cuadrillas de 50 ó 100 hombres en cada una; pero entonces no atacan sino las quintas ó casas de campo, manejándose con mucha aceleracion, tanto en el ataque, como en su retirada.

Sin embargo no tienen los caciques poder de imponer contribuciones, ni quitar cosa alguna á sus vasallos, ni aun obligarlos á servir tal ó tal empleo, sin que se les pague, debiendo por el contrario tratarlos con la mayor benignidad, y algunas veces aliviarlos en sus necesidades, si no quieren que se sometan á algún otro. Por esto, muchos Ghúlmenes, ó hijos de caciques, no quieren tener vasallos, costándoles caro, y sirviéndoles muy poco. Ningún indio, ó cuerpo de ellos puede vivir sin la proteccion de algún cacique, según la ley de aquellas naciones, y si algunos de ellos se atreviesen á hacerlo, le matarían, ó cautivarían al punto que fuese descubierto.

En caso de recibir alguna injuria, la parte agraviada usa de todos