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LIBRO II.

según escribe Jenofonte en su Convite[1]. También decía que «sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia recomendable; antes bien todos los males».

 12. Habiéndole dicho uno que la madre de Antístenes fue de Tracia, respondió: «¿Pues creías tú que dos atenienses habían de procrear varón tan grande?» Propuso a Critón rescatase a Fedón que, hallándose cautivo, se veía obligado a ganar el sustento por medios indecentes. Salió, en efecto, de la esclavitud, y lo hizo un ilustre filósofo. Aprendía a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con mucha frecuencia, teniendo este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice Jenofonte en su Convite. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas venideras. «Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de ellas

 13. Preguntado una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: «El que no se exceda en nada». Decía que «se debe estudiar la geometría hasta que uno

  1. Véase EIiano, lib. X, cap. XVI de su Varia historia, y Valerio Máximo, lib. VIII, cap. VIII, De otio laudato.