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LIBRO II.

del tribunal, y que habiendo empezado a decir así: «Siendo yo, oh atenienses, el más joven de los que a este lugar subieron... », fue interrumpido por los jueces, diciendo: «Bajaron, bajaron»; significándole por esto que bajase de allí. Fue, pues, condenado por 281 votos más de los que lo absolvían; y estando deliberando los jueces sobre si convenía más quitarle la vida o imponerle multa, Sócrates dijo daría veinticinco dracmas. Eubúlides dice que prometió cien. Pero viendo desacordes y alborotados a los jueces, añadió: «Yo juzgo que la pena a que debo ser condenado por mis operaciones es que se me mantenga del público en el Pritaneo»[1]. Oído lo cual, se agregaron ochenta votos a los primeros y lo condenaron a muerte. Prendiéronlo luego, y no muchos días después bebió la cicuta, tras acabar un sabio y elocuente discurso que recuerda Platón en su Fedón.

 19. Hay quien le atribuye un himno a Apolo, que empieza:

Yo os saludo, Apolo Delio
y Diana, ilustres niños.

 Pero Dionisiodoro dice que este himno no es suyo. Compuso una fábula como las de Esopo, no

  1. El Pritaneo era un edificio ilustre y suntuoso en el alcázar de Atenas, en el cual no sólo se juntaba el Senado cuando quería, sino que también eran allí mantenidos por la patria los que le habían hecho algún servicio señalado.