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DE DIÓGENES LAERCIO.

muy elegante, que empieza:

Dijo una vez Isopo a los corintios
la virtud no juzgasen
por la persuasión y voz del pueblo.

 Éste fue el fin de Sócrates; pero los atenienses se arrepintieron en tal grado, que cerraron las palestras y gimnasios. Desterraron a algunos, y sentenciaron a muerte a Meleto. Honraron a Sócrates con una estatua de bronce que hizo Lisipo, y la colocaron en el Pompeyo[1]. Los de Heraclea echaron de la ciudad a Ánito el mismo día en que llegó.

 20. No fue sólo con Sócrates con quien los atenienses se portaron así, sino también con otros muchos, pues multaron a Homero con cincuenta dracmas, teniéndolo por loco. A Tirteo lo llamaron demente, y lo mismo a Astídamante, imitador de Esquilo, habiéndolo antes honrado con una estatua de bronce. Eurípides en su Palamedes también objeta a los atenienses la muerte de Sócrates, diciendo:

Matasteis, sí, matasteis al más sabio,
a la más dulce musa,
que a nadie fue molesta ni dañosa.


  1. El Pompeyo era en Atenas un edificio público donde se guardaban las cosas para las pompas, funciones y festividades de la república. Había también allí estatuas de varones ilustres.