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LIBRO II.

en Chipre con Nicocreón, en compañía de su amigo Asclepíades; pues habiéndolos llamado el rey con otros filósofos a una festividad que celebraba mensualmente, dijo Menedemo: «Si esta asamblea de varones es honrosa, cada día debiera celebrarse la fiesta; pero si no, superflua es aun la celebración presente». Ocurrió a esto el tirano diciendo que «este día le quedaba libre después del sacrificio para oír a los filósofos»; pero él permaneció más firme en su sentencia, demostrando por lo que el otro había dicho del sacrificio que «conviene oír a los filósofos en todos tiempos», y urgiendo de manera que, de no hacerlos salir de allí un músico flautista, hubieran perecido. Después, como en la navegación padeciesen borrasca, se refiere que Asclepíades dijo que «la diestra música de un flautista los había libertado, y la libertad de Menedemo los había perdido».

 5. Dicen que era sencillo y descuidado en el enseñar y que no guardaba orden alguno entre los que le oían, pues no había asientos a su alrededor, sino que cada cual estaba donde quería, ya fuese paseando, ya sentado: ésta era su costumbre. Pero, por otra parte, afirman fue ambicioso de gloria y temeroso de ignominia; de manera que, al principio de su amistad con Asclepíades, ayudaban ambos a un alarife en sus obras, y como Asclepíades condujese desnudo el barro a lo alto del techo, Menedemo se escondía si veía venir alguno. Mas después que entró en los negocios