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DE DIÓGENES LAERCIO.

públicos se enajenaba tanto que, habiendo una vez de ofrecer incienso, no acertó a ponerlo en el turíbulo. Censurándole en una ocasión Crates el que se hubiese dado a los negocios públicos, lo mandó castigar con cárcel. Esto no obstante, Crates, andando de puntillas y mirando a los que pasaban, lo llamaba Agamenonio y Egesípolis[1].

 6. Era un poco inclinado a la superstición, pues habiendo comido con Asclepíades en un figón carnes mortecinas sin saberlo, luego que lo supo se llenó de ascos y se puso pálido, hasta que lo reprendió fuertemente Asclepíades, diciéndole que «no eran las carnes lo que lo conturbaban, sino la aprensión de ellas». Fuera de esto, fue hombre magnánimo y liberal. Duraba en él, aunque anciano, la habitud corporal de cuando era joven, no menos firme que un atleta y con el rostro tostado; corpulento, de tez limpia y de mediana estatura, como manifiesta su estatua, que se ve en el estadio antiguo de Eretria; la cual está ejecutada de modo que se manifiesta desnuda la mayor parte de su cuerpo. Era muy franco en hospedar a sus amigos

  1. Quiso significar gobernador o conductor del pueblo, juntando el verbo άγω, duco, con πόλις, pueblo. Lo compara con Agamenón, porque dicen fue alto de estatura, y por lo mismo Crates caminaba de puntillas por burla de Menedemo, que también era alto. Llámalo Egesípolis (que es nombre propio de algunos reyes de Lacedemonia y otros), por la misma razón de ser Menedemo adulador o agavillador del pueblo.