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DE DIÓGENES LAERCIO.


 19. Se dice que habiendo Platón reprendido a uno que vio jugando a los dados, y respondídole éste que lo reprendía de poco, replicó: «No es cosa poca una costumbre». Preguntado de si quedaría de él algún dicho memorable como los de otros antiguos, respondió: «Primero conviene ganar nombre; después muchos habrá». Habiendo entrado una vez en su casa Xenócrates, le dijo: «Azota tú este esclavo, pues yo no puedo porque estoy colérico». Y a otro esclavo le dijo: «Ya hubieras llevado azotes a no estar yo airado». Habiendo una vez subido a caballo, se apeó al punto, diciendo que «temía lo notasen de aquel fasto y vanagloria caballar». Aconsejaba a los embriagados «se mirasen al espejo, y así se abstendrían de vicio tan feo». Decía que «nunca era decente beber hasta la embriaguez, excepto en las festividades del dios del vino». Desagradábale el dormir demasiado, pues en sus Leyes dice: «El hombre dormido es de ningún útil». Decía que «la verdad es la cosa más suave de cuantas oímos». Algunos son de opinión que lo dijo así: «El decir verdad, etc:». Y en sus Leyes dice de la verdad: «La verdad, oh amigo, es cosa bella y durable; pero no es fácil persuadirlo». Creíase digno de que de él quedase memoria en los amigos o en los libros. Algunos dicen solía mudar mucho de lugar.

 20. Murió en el modo que dijimos, el año XIII del reinado de Filipo, como lo afirma también Favorino en el libro tercero de sus Comentarios.