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DE DIÓGENES LAERCIO.

v. g.: «Mi padre o es otro que el tuyo, o es el mismo: si es otro tu padre que el mío, siendo otra cosa que padre, no será padre: si es el mismo que mi padre, siendo la misma cosa que mi padre, mi padre será sin duda». También: «Si el hombre no es animal, será piedra o leño; no es piedra o leño, puesto que está animado y se mueve por si mismo: luego es animal. Si es animal, y lo son también el perro y el buey, el hombre será animal, perro y buey». De esta inducción a contrario usa en sus controversias no para establecer dogmas, sino para refutar o redargüir.

 27. La inducción de consecuencia es en dos maneras: una expone parcialmente lo que parcialmente se pregunta; la otra establece lo universal por medio de lo parcial o particular. La primera es de los retóricos, la segunda de los dialécticos. En la primera se inquiere: Si éste, v. g., ha hecho el homicidio, la razón es haberlo hallado ensangrentado al tiempo en que se perpetró. Esta especie de inducción es la propia de los retóricos; pues la retórica versa sobre particulares, no sobre universales. Inquiere, v. g., no de lo justo en general, sino de esta o la otra cosa justa en particular. La otra especie es de los dialécticos, y prueba lo universal por cosas particulares, v. g., cuando se pregunta Si el alma es inmortal, o si de los muertos, hay algunos que vivan; lo cual se prueba en el libro Del alma por un universal, supuesto que las cosas contrarias nacen de las cosas