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LIBRO IV.

fin de no hacerte injusticia alguna si hubiese novedad en mi vida, ya que me has amado en tanta manera. Habiéndome sido siempre fidelísimo sobre todos, confío me los guardes, ya por ser tú joven todavía, ya por nuestra consaguinidad. Cura, pues, ser justo para conmigo, y tratar las cosas mías con la posible integridad, en atención a que pongo en tus manos las cosas que por tu misma confesión más necesitas.»

 10. Pusiéronse estos testamentos en Atenas en casa de uno de sus amigos, y en Eretria en poder de Amficrito. Murió, como dice Hermipo, de haber bebido vino puro en exceso y caído en delirio, a los setenta y cinco años, habiendo sido tan acepto a los atenienses cual ninguno otro. Hay un epigrama mío a él, que dice:

¿Por qué profusamente tanto vino
sorbes, Arcesilao, que te privas
de razón y juicio?
Lástima me ha causado, no tu muerte,
sino la contumelia que a las musas
haces, vaciando jarros sin medida.

Hubo otros tres Arcesilaos: uno poeta de la comedia antigua, otro, poeta elegíaco, y otro escultor, a quien Simónides compuso este epigrama:

De Diana es la imagen que aquí miras:
Ducientas dracmas Parias,
de Arato con la insignia, fue su precio.
Hízole el diestro y noble Agesilao