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LIBRO IV.

Crisipo, no habría Carnéades». Fue amantísimo del trabajo[1], y menos aplicado a la física que a la moral. Se dejaba crecer el pelo y las uñas, en fuerza de la continua aplicación a los libros. Era tan hábil en la filosofía, que hasta los maestros de oratoria dejaban sus escuelas y concurrían a oírlo. Tenía la voz muy recia, de manera que el jefe del gimnasio tuvo que enviarle recado que no gritase tanto; pero él respondió que «le diese la medida de la voz». A esto repuso sabiamente aquél, diciendo: «Medida tenéis en los que os oyen». Era acérrimo en las reprensiones e inexpugnable en los argumentos, y por esto excusaba los convites. Como Mentor Bitinio, discípulo suyo y muy frecuente en la escuela, comerciase con una concubina suya, dice Favorino en su Historia varia que en medio de la lección lo motejó así:

Por ahí anda un viejo despreciable
parecido a Mentor en voz y cuerpo,
y quiero desterrarlo de mi escuela.

Y él levantándose, dijo:

Luego que ellos hablaron,
se levantaron éstos prontamente.

 2. Parece tenía una suma aversión a la muerte, pues solía decir con frecuencia: «Lo que la Naturaleza compuso, lo disolverá». Habiendo sabido que

  1. La frase griega es: φιλόπονος δέ άντρωπος γέγονεν, εί χαί τις άλλος. Los latinos la expresan así: laboris amans fuit si quis alius.