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TOMO I.

La pirrónica se estima poco por su oscuridad, diciendo unos que es secta y otros que no lo es. Parece lo es, dicen, pues llamamos secta a aquella que sigue, o tiene todas las apariencias de seguir, alguna norma de vida; por cuya razón podemos muy bien llamar secta a la de los escépticos. Pero si por secta entendemos la propensión a los dogmas que tienen séquito, no se podrá llamar secta, puesto que carece de dogmas. Hasta aquí de los principios, sucesiones, varias partes y número de sectas que tuvo la filosofía. Aunque no hace mucho tiempo que Potamón Alejandrino introdujo la secta electiva, eligiendo de cada una de las otras lo que le gustó más. Fue de opinión, según escribe en sus Instituciones, que son dos los modos de indagar la verdad. El primero es aquel con que formamos juicio, y éste es el principal. El otro es aquel por medio de quien le formamos, como con una exactísima imagen. Que la causa material y eficiente, la acción y el lugar son el principio de las cosas; pues siempre inquirimos de qué, por quién, cuáles son y en dónde se hacen. «Y el fin a que deben dirigirse todas las cosas es, dice, la vida perfecta por medio de todas las virtudes, incluso los bienes naturales y adventicios del cuerpo». Pero tratemos ya de los filósofos, y sea Tales el primero.