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DE DIÓGENES LAERCIO.

de los atenienses, y causó infinitos daños a los lacedemonios.

 4. Era Chilón breve en el hablar; por cuya causa Aristágoras Milesio llama chilonio a este estilo, y dice que también lo usó Branco, el que construyó el templo de los branquidas.

 5. Hacia la Olimpíada LII era ya viejo; en cuyo tiempo florecía Esopo el compositor de fábulas. Murió, según dice Hermipo, en Pisa, dando la enhorabuena a su hijo, que había salido vencedor en los juegos Olímpicos, en la lucha de puñadas. Murió del excesivo placer, y debilidad de la vejez. Todos los del concurso lo honraron en la muerte. Mi epigrama a Chilón es el siguiente:

A ti mil gracias, Pólux rutilante,
con cuyo auxilio de Chilón el hijo
consiguió el acebuche siempre verde,
en lucha de puñadas. Si su padre,
al contemplar al hijo coronado,
murió de gozo, nadie le condene:
¡Dichoso yo, si tal mi muerte fuera!

 A su imagen se puso esta inscripción:

La fuerte en lanzas y valiente Esparta
sembró a Chilón[1], primero de los siete.

 Apotegma suyo es: «¿Prometes? Cerca tienes el daño». Suya es también esta breve carta:

  1. εφύτενσεν plantó, sembró, y, por traslación, procreó, produjo.