Página:Diogenes Laercio Tomo I.djvu/75

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para que los prójimos antes le celebren que le teman; aprender a mandar bien su casa; no corra la lengua más que el entendimiento; reprimir la ira; no perseguir con baldones la adivinación; no querer imposibles; no apresurarse en el camino; no agitar la mano cuando se habla, por ser cosa de necios; obedecer las leyes; amar la soledad».

 3. Entre sus adomenos[1], éste fue el más plausible: «Por la piedra de toque se examina el oro, dando prueba de sus quilates, y por el oro se prueba el ánimo del hombre bueno o el del malo». Refiérese que, siendo ya viejo, decía que no se acordaba de haber obrado en su vida injustamente; sólo dudaba de una cosa, y era que, habiendo una vez de condenar en justicia a un amigo, y queriendo proceder según las leyes, le instó a que le recusase, y así cumplió con la ley y con el amigo. Fue celebradísimo, especialmente entre los griegos, por haber predicho lo de Citere, isla de Laconia, pues teniendo observada su situación, dijo: «¡Ojalá nunca hubiese existido, o bien se hubiese sumergido acabada de nacer!» Tenía bien previsto lo que después sucedió, pues Demarato, huyendo de Lacedemonia, aconsejó a Jerjes pusiese sus naves en esta isla. Y si Jerjes lo hubiera ejecutado, ciertamente hubiera Grecia venido a su poder. Pero después Nicias, en la guerra del Peloponeso, ganó la isla, la hizo presidio

  1. Véase la nota 11 a la vida de Tales, pag 20.