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EL MERCADER

PÓRCIA.

Nerissa, véte y di á los criados que no cuenten nada de nuestra ausencia. Vosotros haced lo mismo, por favor.

LORENZO.

¿No ois el son de una trompa de caza? Vuestro esposo se acerca. Fiad en nuestra discrecion, señora.

PÓRCIA.

Esta noche me parece un dia enfermo: está pálida: parece un dia anubarrado.

(Salen Basanio, Antonio, Graciano y acompañamiento.)
BASANIO.

Si amanecierais vos, cuando él se ausenta, seria de dia aquí al mismo tiempo que en el hemisferio contrario.

PÓRCIA [1].

¡Dios nos ayude! ¡Bien venido seáis á esta casa, señor mio!

BASANIO.

Gracias, señora. Esa bienvenida dádsela á mi amigo. Este es aquel Antonio á quien tanto debo.

PÓRCIA.

Grande debe ser la deuda, pues si no he entendido mal, por vos se vió en gran peligro.

ANTONIO.

Por grande que fuera, está bien pagada.


  1. Suprimo un juego de palabras intraducibie.