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DE VENECIA.

monarca, pero entonces desaparece su pompa, como se pierde en el mar un arroyo. ¿No oyes música?

NERISSA.

Debe de ser en tu puerta.

PÓRCIA.

Suena áun más agradable que de dia.

NERISSA.

Efecto del silencio, señora.

PÓRCIA.

El cantar del cuervo es tan dulce como el de la alondra, cuando no atendemos á ninguno de los dos, y de seguro que si el ruiseñor cantara de dia, cuando graznan los patos, nadie le tendría por tan buen cantor. ¡Cuánta perfeccion tienen las cosas hechas á tiempo! ¡Silencio! Duerme Diana en brazos de Endimion, y no tolera que nadie turbe su sueño. (Calla la música.)

LORENZO.

Es voz de Pórcia, ó me equivoco mucho.

PÓRCIA.

Me conoce como conoce el ciego al cuco: en la voz.

LORENZO.

Señora mia, bien venida seáis á esta casa.

PÓRCIA.

Hemos rezado mucho por la salud de nuestros maridos. Esperamos que logren buena fortuna gracias á nuestras oraciones. ¿Han vuelto?

LORENZO.

Todavía no, pero delante de ellos vino un criado á anunciar su venida.