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MACBETH.

MACBETH.

Dios guie con bien vuestros caballos y os vuelva pronto. Hasta la noche. (Vase Banquo.) Vosotros haced lo que querais hasta las siete. Vuestra compañía me será más grata á la hora de cenar, si en este momento me dejais solo. Adios, mis caballeros. (Vanse todos.)

MACBETH.

(A un criado.) ¿Me esperan ya esos hombres?

CRIADO.

Están á la puerta de palacio.

MACBETH.

Diles que entren. (Se va el criado.) ¿De qué me sirve el poder sin la seguridad? Banquo es mi amenaza perpetua: su altiva condicion me infunde miedo. Junta á su valor el ingenio y la prudencia. Me reconozco inferior á él como Marco Antonio á César. Él fué quien se atrevió á dirigir la palabra á las brujas cuando me aclamaron Rey, y á preguntarlas por su suerte futura, y ellas con fatídica voz le contestaron: «Tus hijos serán reyes.» A mí me otorgan una corona estéril, un cetro irrisorio, que no pasará á mis hijos sino á los de un extraño. Yo vendré á ser el bienhechor de la familia de Banquo. Por servirla asesiné al Rey Duncan, y llené de hiél el cáliz de mi vida; y vendí al diablo el tesoro de mi alma. ¡Todo para hacer reyes á los hijos de Banquo! ¡Fatal destino mio, sálvame: lidia por mi esta batalla! ¿Quién es? (Entran los sicarios.) (Al criado.) Espera á la puerta hasta que llame. (Vase el criado.) (A los sicarios.) Ya oisteis ayer lo que deseo.

SICARIO I.º

Sí, rey.